¿Tiene rumbo tu vida o sólo te dejas llevar por el viento?

La sociedad actual especialmente la venezolana experimenta una serie de cambios vertiginosos producto de diversos factores que el individuo difícilmente puede controlar, aunado a ello están las situaciones inesperadas, casualidades o circunstancias del destino. No obstante, el propósito personal de cada ser humano no puede estar supeditado a “soplidos del viento” o a “la corriente del mar”, es decir, la vida no puede ser producto de las circunstancias, sino que dentro de los parámetros de la libertad que posee cada quien debe haber un espacio para la determinación personal, para proyectar la mirada hacia el futuro y establecer desde el interior la meta o el destino al cual se desea llegar. Es por ello que, elementos como la previsión o la mirada anticipada sobre el norte a seguir pueden ser claves para enfocar mejor los recursos, esfuerzos y objetivos que realmente conlleven hacia la dirección trazada y permitan realmente cumplir la misión personal.

Ahora bien, cómo reconocer una verdadera misión y no transitar perdido en el camino de las obligaciones, deberes o dependencias absurdas y dañinas; lo primero que el ser humano debe identificar es que el estudio, el trabajo o los diferentes roles son parte de la vida, la complementan pero no representan una misión en sí, no se trata de la dedicación del momento sino el qué se quiere lograr. Determinar la misión de vida es complicado y hasta confuso porque generalmente se le considera determinada por “el otro”, así por ejemplo se habla de la misión de ser madre, de manera que si de un momento a otro una mujer perdiera a su hijo, ¿perdería también su misión? Otra distorsión común suele ser el compromiso de muchos hijos al querer cumplir aquello que sus padres no pudieron, en este sentido hay que dejar de lado las relaciones con el otro al momento de fijar determinaciones que sólo le conciernen al individuo.

Es propicio detenerse y preguntarse ¿qué es lo que más me entusiasma en la vida? Puesto que una verdadera misión debe ser inspiradora, emocionante y comprometedora; si eso que viene a la mente es a lo que le podría dedicar enteramente la vida y depende sólo de sí mismo, la misión está clara. Luego de ello, valdría definir con qué recursos humanos y materiales se cuenta para alcanzar el propósito y comenzar a reunir todo lo que ha de ser necesario, otra recomendación importante, es la evaluación personal, el vivir diaria, semanal o mensualmente revisando los avances y desavenencias, finalmente el ejercicio mental de la imaginación será el motivador principal al recrear el mundo propio, el verse viviendo como tanto lo soñó en futuros no tan remotos, así pudiera establecer lapsos de 5 o 10 años donde pueda verse viviendo según un propósito auténtico y no bailando perdido al son del momento.

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